viernes, 17 de marzo de 2017

Un disfraz dulce para un día amargo

 El lunes prometía. Es cierto que las clases de artística siempre quedan fuera de lo convencional, brindándonos una libertad inexistente en el resto de las materias. Cada lunes viene cargado de motivación, sorpresa, diversión y aprendizaje. Sin embargo éste lunes era cambio, era ilusión ¿la causa? Mandalas realizadas con obleas y chocolate de diferentes tipos.  Además, era nuestro grupo el que vestía a la profesora, y pensamos que no podíamos escoger mejor disfraz que de galleta, de mandala. Teniendo en cuenta que las mandalas ayudan a la relajación y cada persona reacciona a ellas instintivamente en función de lo que sienta en el momento que las realiza, quisimos externalizarlo, que no fuera sólo algo interno, algo propio de nosotros mismos sino que esa relajación la sacáramos fuera para poder transmitirla.

Y debo decir que el resultado fue bueno, aunque al principio de la clase estábamos todos un poco apagados, a medida que fue transcurriendo la clase, que fuimos tocando diferentes temas, bailamos e hicimos los mandalas de chocolate el ambiente experimentó una agradecida mejora. Al final las mandalas hicieron su función de buena manera, haciendo que tanto Pilar como los alumnos nos sintiéramos mucho más animados. Todos terminamos mejor de lo que empezamos y no fue sólo gracias al chocolate. 

Sara Cañas


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