lunes, 3 de abril de 2017

Guarriñas

El otro día, mientras hablaba con unas amigas, salió el término guarriñas. Nunca había oído esa palabra, que es una mezcla de "guarra" y "niña" y por lo visto se refiere a las niñas de 12 o 13 años que se visten y se maquillan como si fueran prácticamente adultas y buscan resultar atractivas para los chicos, tanto de su edad como más mayores.
Este término, con todo lo que implica, me hizo reflexionar sobre un tema que alguna vez hemos tratado en clase: la hipersexualización de los niños y, sobre todo, de las niñas. Las más pequeñas reciben mensajes de la sociedad (en anuncios, programas y series de televisión... E incluso en su entorno más cercano) en los que se ve a la mujer como un objeto que debe gustar al hombre. Desde edades muy tempranas, las niñas sienten que deben ser sexys y responder a unos cánones de belleza para los que su personalidad y sus sentimientos no cuentan, de tal forma que, mientras se preocupan en exceso por su aspecto físico, pierden una infancia que nunca volverá. Los adultos, aparte de hacer llegar a las niñas todos estos mensajes (o al menos permitir que las lleguen), las criticamos por seguir este modelo impuesto, y en lugar de intentar ayudarlas, inventamos términos denigrantes como el de "guarriñas" para culpabilizarlas de una realidad de la que son víctimas. Detrás de la aparente fortaleza de estas niñas suele haber una falta de amor propio y de confianza en sí mismas y una necesidad de gustar a los demás.
Esta hipersexualización de las niñas, estas ganas de convertirlas en objetos de deseo desde pequeñas se convierte después en graves formas de discriminación y maltrato a las mujeres. Tanto jóvenes como adultas sienten el peso de estar objetualizadas y ser criticadas por cada cosa que hagan, bien sigan el modelo o bien intenten romper con lo impuesto. Por ello, va siendo hora de dejar que las niñas disfruten de su infancia sin imposiciones y que se conozcan y se quieran a sí mismas libremente.

Paula Yuste

1 comentario:

  1. Qué repugnante término Paula, esa costumbre de llamarnos niñas a las mujeres hasta que casi estamos al borde de la tumba está visto que se relaciona con una minusvaloración profunda de fondo. Este híbrido entre niña y guarra ya es insoportable

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